Antes de ser NK Profeta, Leonardo Viloria era un muchacho con un casete y una grabadora, imitando la voz de Bostas Brain. Esa imagen, que el rapero venezolano repasó en el podcast El Apartaco, explica buena parte de su carrera: aprendió a rapear copiando, empezó a escribir cuando perdió el miedo y llegó al micrófono a los 23 años, bastante después de lo que dicta el estereotipo. Esta es la historia de sus orígenes, contada desde sus propias referencias: Bostas Brain, La Corte, Vico C y el rap en español de los noventa y los 2000.
Un merengue, Vico C y la salsa de casa
La música llegó primero por su papá. En casa sonaba salsa, sobre todo Héctor Lavoe, y de ahí le nació el interés por los sonidos. El rap, en cambio, apareció casi de casualidad: en un merengue dominicano, «Blanca», de Jossie Esteban y La Patrulla 15, con Vico C como invitado. Esos versos fueron su primera puerta al género.
La infancia fue de familia y tradiciones, en El Junquito. La adolescencia, de mudanzas: Caracas, Puerto La Cruz y, sobre todo, Turmero, donde estudió tres años de bachillerato. Fue una etapa tranquila y normal, según su biografía.
Bostas Brain, un ídolo de su propia gente
Preguntado por su amor inicial por el rap, NK no dudó en poner un nombre: «Yo creo que lo puedo definir en el nombre de un MC», dijo, y ese MC era Bostas Brain. Según su relato, en la época en que uno salía a buscar discos como si fueran tesoros, encontrar a un ídolo venezolano que sonara a otro planeta tenía un valor agregado: era alguien de su propia gente.
No lo dice de pasada. Cuenta que ha tenido la oportunidad de decírselo al propio Bostas, y lo repite con todas las letras: «yo soy rapero por Bostas». Para NK fue una inspiración total, la del flow y la certeza de que ese rap se podía hacer desde Venezuela.
Imitar para aprender: casetes y karaoke
El método fue sencillo y muy de la época. NK grababa casetes imitando a Bostas, «la voz de él, hasta ese flow». Y lo hacía con una ventaja psicológica: como no escribía esos temas, no tenía complejos, porque estaba cantando algo parecido a un cover. Esa seguridad fue lo que lo soltó y, después, lo llevó a escribir los suyos.
Las reuniones familiares con karaoke hicieron de entrenamiento: aprovechaba para cantar canciones de La Corte frente a parientes, una forma temprana de acostumbrarse al público. En esos primeros años también grababa temas propios sobre pistas en casetes y se los mostraba a conocidos sin decir que eran suyos, por si no gustaban.
Rap en español antes que rap gringo
Sus referencias de entonces no eran estadounidenses. NK cuenta que empezó a escuchar más rap en inglés «hace no tanto» y que el castellano fue lo primero: Nach, Control Machete, Molotov, Cypress Hill en español, Latin Fresh y, por supuesto, Vico C. También mucha música de Puerto Rico que en aquella época se etiquetaba como reggaetón, pero que para él era hip hop por el flow.
La vida le daría una vuelta curiosa: con varios de esos nombres terminó compartiendo estudio o amistad. «Todos mis ídolos de la música, si no grabé con ellos los conocí por lo menos», resumió, y todavía le parece surreal.
Empezar a los 23: tarde, pero con ganas
A diferencia de otros raperos que arrancan a los 12 o 13 años, NK grabó su primer mixtape, Nostradkeitz, en 2006, con 23 años. Lo asumió sin drama: «Yo comencé tarde, pero tenía demasiadas ganas de echarle bola». Su primer show en vivo llegó a finales de 2008, y para entonces ya tenía varios temas dando vueltas.
Lo que vino después fue más veloz de lo esperable (ver Del Myspace a Tony Touch), pero esa lentitud inicial le dio una base: años de casetes, de copiar voces y de escribir sin testigos.
¿Quién fue primero o quién dejó huella?
La conversación en El Apartaco tocó un debate recurrente en el rap: quién fue el primero en hacer tal cosa. NK prefiere medir por trascendencia. Sin meterse en discusiones concretas, dijo que los que más cuentan son quienes «la pegaron» y expandieron un movimiento, aunque haya habido gente antes.
Con ese criterio, ubicó a Bostas Brain, Reke y Canserbero como tres nombres que podrían rotarse los tres primeros puestos de un top personal. En la charla también surgió la idea de un Museo del Rap Venezolano, en cuya entrada, coincidieron, Bostas tendría que estar.
De imitar la voz a escribir la propia
El recorrido de NK Profeta confirma algo que se repite en la historia del hip hop: casi nadie empieza con una voz propia. Primero se copia, se aprende el oficio y recién entonces se encuentra el tono. En su caso, ese proceso tuvo un nombre propio, Bostas Brain, y un soporte que hoy parece de museo: el casete.